Parcelas delimitadas por monjes hace mil años y los pinot noir más buscados del planeta.
Borgoña es el triunfo de la parcela sobre la marca. Los monjes del Císter pasaron siglos delimitando climats —viñas con nombre, muro y carácter propio— hasta dibujar el mapa más preciso de la viticultura mundial, reconocido por la UNESCO en 2015. Aquí no se colecciona un château: se colecciona un lugar, una añada y la mano de un productor concreto.
Esa lógica explica los precios: las parcelas son minúsculas y las producciones, ínfimas. Una Romanée-Conti, un Musigny de Leroy o un Chambertin de Rousseau se cuentan por centenares de botellas. Para el coleccionista, la Borgoña madura —los sesenta, setenta y ochenta de las grandes casas— es el territorio más exigente y el que mayor emoción ofrece: ningún vino del mundo envejece hacia la complejidad etérea de un gran pinot noir de la Côte de Nuits.
Añadas legendarias

