Sangiovese histórico, Nebbiolo de guarda larga, supertuscans clásicos y los grandes Amarone de añadas memorables.
Italia llegó tarde a la mesa del fine wine internacional y lo hizo rompiendo sus propias reglas. En 1968 una finca de la costa toscana embotelló un cabernet sauvignon criado como un Burdeos —Sassicaia— y desató la revolución de los supertuscans. Mientras tanto, en las colinas de niebla del Piamonte, los Barolo de Giacomo Conterno o Bartolo Mascarello demostraban que el nebbiolo envejece con la nobleza de los grandes pinot noir.
Hoy el coleccionista mira a Italia por tres motivos: los Barolo y Barbaresco clásicos de los años cincuenta a setenta, los supertuscans fundacionales en sus primeras añadas, y los Brunello y Amarone de productores de culto. Carácter, origen y una curva de revalorización que todavía no ha terminado de escribirse.
Las regiones
Del Brunello fundacional de Biondi-Santi a los supertuscans de Bolgheri: la región que reinventó Italia dos veces.
Barolo y Barbaresco: el nebbiolo de las colinas de Langhe, el tinto italiano de guarda más noble.
Amarone della Valpolicella: uvas pasificadas, crianzas heroicas y los vinos de meditación del norte italiano.



