El estándar del fine wine. Châteaux clasificados, climats de Borgoña y casas de champagne que definen la categoría.
Francia no inventó el vino, pero inventó su canon. La clasificación de 1855 ordenó el Médoc en cinco escalones que siguen rigiendo el mercado ciento setenta años después; los monjes del Císter delimitaron en Borgoña parcelas —los climats— que hoy son Patrimonio de la Humanidad; y en Champagne las grandes casas convirtieron la añada declarada en un acontecimiento. Cuando el mundo entero habla de vino fino, habla con vocabulario francés.
Para el coleccionista, Francia es el territorio de las certezas: la liquidez del mercado, la documentación de cada cosecha y la profundidad histórica de sus bodegas hacen de un gran Burdeos o de un Borgoña de productor legendario la columna vertebral de cualquier colección seria.
Las regiones
Los châteaux clasificados, las dos orillas y las añadas que ordenan el mercado mundial del vino desde hace dos siglos.
Parcelas delimitadas por monjes hace mil años y los pinot noir más buscados del planeta.
Hermitage, Côte-Rôtie y Châteauneuf-du-Pape: los tintos solares de Francia con medio siglo de guarda.
Las casas históricas, las crayères de tiza y los vintage que solo nacen en los grandes años.
Vouvray, Sancerre y Chinon: el río de los blancos más longevos de Francia.














































