Hermitage, Côte-Rôtie y Châteauneuf-du-Pape: los tintos solares de Francia con medio siglo de guarda.
El valle del Ródano guarda dos mundos. Al norte, sobre terrazas de granito casi verticales, la syrah de Hermitage y Côte-Rôtie produce tintos de una profundidad legendaria: La Chapelle 1961 de Paul Jaboulet figura en todas las listas de los mejores vinos jamás embotellados. Al sur, los cantos rodados de Châteauneuf-du-Pape templan garnachas opulentas con nombres de culto como Château Rayas o Beaucastel.
Durante décadas el Ródano fue el secreto de los entendidos: precios moderados para vinos que rivalizan con los grandes Burdeos en longevidad. Ese diferencial se ha ido cerrando, pero las botellas maduras del norte —Chave, Guigal, Jaboulet— siguen ofreciendo una de las experiencias más imponentes del vino francés.

