Las casas históricas, las crayères de tiza y los vintage que solo nacen en los grandes años.
En Champagne la añada es una declaración solemne. Las grandes casas solo embotellan vintage en las cosechas que lo merecen —a veces dos o tres por década—, y esa contención convierte cada año declarado en un documento: 1928, 1947, 1959, 1964, 1985, 1988, 1996, 2002, 2008 forman la genealogía de la región.
El champagne maduro es uno de los secretos mejor guardados del coleccionismo. Lejos de la imagen festiva del non-vintage, un Dom Pérignon de los ochenta o un Krug con décadas de bodega desarrolla aromas de brioche tostado, avellana, miel y piedra de tiza, con una vinosidad que lo acerca a los grandes blancos de Borgoña. Las crayères —las galerías de tiza excavadas bajo Reims y Épernay— son su cámara de tiempo natural.
Añadas legendarias
Cosecha solar histórica; vintages legendarios.
1964Año de finura clásica, mítico en Dom Pérignon.
1985Gran década de los ochenta; equilibrio pleno.
1988Tensión y longevidad; favorito de los puristas.
1990Opulencia y madurez; vintages espléndidos hoy.
1996Acidez legendaria; año de culto.
2002La gran añada moderna declarada por la práctica totalidad de las casas.
2008Precisión contemporánea; clásico en formación.


























