Los châteaux clasificados, las dos orillas y las añadas que ordenan el mercado mundial del vino desde hace dos siglos.
Burdeos es el patrón oro del coleccionismo. La clasificación de 1855, encargada por Napoleón III para la Exposición Universal de París, ordenó los châteaux del Médoc en cinco crus que siguen vigentes —con una sola modificación: el ascenso de Mouton Rothschild en 1973—. Esa estabilidad institucional, única en el mundo del vino, es la base de su liquidez: un gran Burdeos se compra, se guarda y se vende con la misma naturalidad que una pieza de relojería fina.
Las dos orillas dibujan dos caracteres. En la izquierda, sobre gravas, el cabernet sauvignon de Pauillac, Margaux o Saint-Julien construye vinos de arquitectura y largo aliento. En la derecha, sobre arcillas, el merlot de Pomerol y Saint-Émilion —con Pétrus y Cheval Blanc como cimas— da opulencia y terciopelo. Entre ambas, medio siglo de añadas legendarias: 1945, 1947, 1961, 1982, 1989, 1990, 2000, 2005, 2010.
Añadas legendarias
Cosecha mínima y mítica; uno de los años del siglo.
1970Clásico de guarda larga en el Médoc.
1982La añada que cambió el mercado del fine wine.
1989Año cálido y opulento, espléndido hoy.
1990Cierre de oro de la gran tríada 88-89-90.
2000El milenio: añada redonda en ambas orillas.
2005Perfección técnica; clásicos en plena evolución.
2010Estructura monumental para décadas de guarda.















