Del Brunello fundacional de Biondi-Santi a los supertuscans de Bolgheri: la región que reinventó Italia dos veces.
La Toscana reinventó el vino italiano dos veces. La primera, en Montalcino, cuando la familia Biondi-Santi aisló a finales del XIX el sangiovese grosso y creó el Brunello: su Riserva 1955 fue elegida entre los vinos del siglo, y las añadas antiguas de la casa son piezas de museo que aún se beben. La segunda, en la costa de Bolgheri, cuando el marqués Incisa della Rocchetta embotelló en 1968 la primera añada comercial de Sassicaia y rompió todas las reglas: variedades bordelesas, crianza francesa y una categoría nueva —el supertuscan— que en 1985 alcanzó su cima legendaria.
Entre ambos polos, el Chianti Classico histórico y los Tignanello y Ornellaia fundacionales completan un territorio donde tradición y revolución llevan medio siglo dialogando. Para el coleccionista, las primeras añadas de los supertuscans y los Brunello de las grandes casas son la inversión italiana más sólida.
Añadas legendarias


