Casa de las grandes bodegas centenarias y de los reservas que han escrito el canon del vino histórico moderno.
España guarda un secreto que el mercado internacional tardó un siglo en descubrir: pocas regiones del mundo han embotellado vinos pensados para durar décadas con la naturalidad con que lo hicieron Rioja y Ribera del Duero. Cuando la filoxera arrasó los viñedos de Burdeos a finales del XIX, los negociantes franceses cruzaron los Pirineos y encontraron en Haro un vino capaz de sostener su comercio. De aquel encuentro nació el barrio de la Estación, la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo, y una manera de entender la crianza —larga, paciente, en roble— que sigue viva.
El resultado es una anomalía feliz: grandes reservas de los años cuarenta, cincuenta o sesenta que todavía hoy se beben con una vigencia asombrosa, y que llegaron al mercado a precios sin relación con su rareza real. Para el coleccionista, España es probablemente el territorio con mejor relación entre historia embotellada y precio de todo el fine wine europeo.
Las regiones
El barrio de la Estación de Haro, las bodegas centenarias y los grandes reservas que envejecen medio siglo con gracia.
La meseta a 800 metros donde Vega Sicilia escribe desde 1864 el vino español más cotizado.
Garnachas y cariñenas centenarias sobre licorella: la región española renacida en 1989 que conquistó al mundo en una década.
Albariza, palomino y soleras centenarias: el vino más antiguo que se puede beber hoy procede casi siempre de Jerez.









































































































































